Cuando el desempleo toca tu puerta

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Mario Gareca lleva trabajando seis años en ‘La Bolsita del Trabajo’ de radio Fides Tarija, una emisora local ubicada en la esquina de la calle Ingavi y Campero. Mario se desempeña en el área contable. Su espacio de trabajo consiste en un pequeño lugar

dentro de una oficina en la que no podría encajar ni una mota de polvo más, por lo repleta que está. La infraestructura de la emisora es modesta. En el exterior, incrustada a la pared, se encuentra una especie de pizarra resguardada por una cubierta transparente de vidrio. Cada mañana y a lo largo del día, decenas de personas recorren con la mirada los pequeños trozos rectangulares de papel amarillo, adheridos a la pizarra. Todos están en busca de lo mismo: un empleo.

Los viandantes que circundan aquellas calles céntricas, no siempre se detienen a observarlos, tal vez sea porque llevan el sello de la necesidad en sus rostros. Ese grupo de hombres y mujeres acuden al mismo lugar, cada día, en busca de los trabajos más duros y mal remunerados que la sociedad tiene reservados. Muchos permanecen de pie ante la gigantesca pizarra, en su mayoría son mujeres que esperan la oportunidad de ser contratadas para las labores de limpieza, lavado de ropa y cocina; las personas más indulgentes suelen llamarlas trabajadoras del hogar, mientras los que no, les dicen “empleadas”.

Hombres, de rudimentarias vestimentas, permanecen sentados en cuclillas en la estrecha vereda de la Ingavi y Campero, entorpeciendo de alguna manera, el paso de los transeúntes. Sus desgastadas ojotas no alcanzan a disimular sus pies curtidos por el clima y el polvo al que están acostumbrados, ni los sombreros y gorras que llevan, logran cubrirlos del abrasador sol de mediodía, mientras esperan por ese trabajo que podría “mejorar” su vida. Muchos de esos hombres, hasta el final de la mañana, es decir, hasta que concluye el programa radial, permanecen allí, con la esperanza de ser contratados “en el rubro de la construcción”, que como ellos lo conocen, es “ser” albañil.

Mario, en estos seis años, ha visto pasar cientos de hombres y mujeres, por las puertas de la emisora, para “ofrecer” sus servicios laborales en oficios que sólo la experiencia puede brindar el título de diestro. Cada día, al menos treinta nuevos anuncios de gente que ofrece su fuerza de trabajo pasan por los registros de la emisora. De aquellos treinta, Mario, recurriendo a su memoria, asegura que sólo el 10 por ciento logra marcharse a casa con un empleo asegurado.

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